Manufactura discreta y continua: dos mundos, un mismo desafío de datos
La industria manufacturera se divide tradicionalmente en dos grandes categorías: discreta y continua. La primera produce unidades individuales —autos, electrodomésticos, componentes electrónicos—, mientras que la segunda genera flujos constantes —químicos, alimentos, papel—. Ambas comparten un desafío común: aprovechar los datos para mejorar.
En la manufactura discreta, cada pieza puede rastrearse individualmente. Los datos se organizan en torno a lotes, órdenes de producción y unidades específicas. El análisis se enfoca en tiempos de ciclo, tasas de defectos, eficiencia de línea y trazabilidad de componentes.
En la manufactura continua, el producto fluye sin interrupciones. Los datos son series temporales de variables de proceso: temperaturas, presiones, flujos, concentraciones. El análisis busca mantener el proceso dentro de parámetros óptimos, detectar desviaciones y predecir necesidades de mantenimiento.
A pesar de las diferencias, las herramientas de análisis de datos son sorprendentemente similares. Ambas requieren adquisición de datos en tiempo real, preprocesamiento para limpiar y estructurar la información, técnicas de análisis para extraer patrones y mecanismos de visualización para comunicar resultados.
Lo que cambia es el contexto. Un modelo de machine learning que predice fallas en una línea de ensamblaje automotriz no es igual a uno que anticipa problemas en una planta petroquímica. Pero los principios subyacentes —aprender de datos históricos, detectar anomalías, optimizar parámetros— son los mismos.
Para las empresas, esto significa que la inversión en capacidades de datos tiene retorno en cualquier tipo de manufactura. Las plataformas, las habilidades y las metodologías son transferibles. Lo importante es adaptar el enfoque al contexto específico, respetando las particularidades de cada proceso.